Cientocuatro grados es una marca de mermeladas y confituras artesanales basadas en productos de cercanía.

Detrás de la marca está Carlos Mitchel, un reconocido chef y profesor de la Escuela de Hostelería de Sevilla que decidió experimentar con nuevos sabores y mezclas atípicas para crear confituras.

Balvanera Brewlab es una marca independiente que produce de cerveza de manera artesanal. En 2018 recibimos el encargo de diseñar su primera creación, una cerveza lager con mucha personalidad.

Retícula

Precisamente esa sensación experimental es la que intentamos transmitir a través del lenguaje gráfico de Cientocuatro grados. Precisamente su nombre ya nos acerca a una actitud de trabajo en el laboratorio —104º es la temperatura a la que gelifica la mermelada—.

Para construir el logotipo usamos una retícula en la que fuimos encajando formas geométricas lineales. Esa misma retícula servirá para jerarquizar y disponer todos los elementos en la etiqueta bajo un estricto sentido de order y clasificación.

El nombre Origen fue elegido por Federico Zabotinsky —un cocinero argentino con un restaurante propio en España—. El nombre era un homenaje a sus orígenes en el barrio de Balvanera en Buenos Aires y la intención de marcar un punto de partida para seguir creando cervezas.

Fresas
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La etiqueta usa una paleta de colores que transgrede las normas habituales de este tipo de producto.

No se atribuyen colores a los sabores según el color del ingrediente principal, sino que se opta por un acercamiento más experimental: la clasificación se hace de forma más arbitraria, usando colores que complementen y hagan destacar al color del contenido del envase, la fruta.

Con la yuxtaposición de elementos conseguimos crear un mapa imaginario, que no existe y que pone el crisis el concepto de origen. Partir de un lugar y crear tus propios orígenes.

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Con esa paleta de color y ese concepto gráfico que huye de lo tradicional conseguidos dotaral producto de una personalidad especial, más cercana a los experimentos de la cocina contemporánea de maestros como Adriá o los hermanos Roca. Un acercamiento quizá más frío, pero más científico y creativo al mismo tiempo.

Así, creamos una piel que envolvería la etiqueta de las botellas y sobre la que se imprimiría toda la información. Queríamos crear una botella que fuese reconocible en el lineal y en la mano a lo largo de sus 360º.

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